Elegía

Fuiste un soplo de aire fresco. El Frankenstein del PP con el que Rajoy y sus asesores de cabecera esperaban capear (metiéndonos miedo con tu llegada al poder) la amenaza de una crisis económica de las que se viven una vez en cada generación, que se había llevado por delante al resto de los gobiernos de Europa y a los partidos tradicionales. Al principio tu exposición a los medios era masiva, porque dabas espectáculo (como el SuperGarcía de los 80 y 90) y los audímetros reventaban con tu sola presencia. Transformaste el ocio nocturno de los sábados, que los españoles empezamos a emplearlo en comentar en redes una tertulia política con tintes de Salsa Rosa o el Chiringuito de Jugones. De aquella época quedaron intervenciones memorables (y muy celebradas por mí) como cuando llamaste a Esperanza Aguirre en vivo y en directo, sin dejar de utilizar el vocativo de Señora Marquesa, reina de la charca de la corrupción.

En seguida te disparaste en las encuestas, pero llevabas pesados lastres. Tu vinculación a Izquierda Anticapitalista, las barbaridades que habías soltado en conferencias y charlas que fueron grabados cuando quizás pensabas que nunca pasarías de ser una referencia para una minoría leninista, las amenazas de expropiación, el resentimiento social hipertrofiado… Fuiste tan inconsciente que a algunos llegaste a darnos bastante miedo, a pesar de no ser unos potentados. Culpabilizabas la acumulación de riqueza (sobre todo en forma de pisos) como si siempre fuera fruto del latrocinio. Ay, Pablo Manuel, qué mal asesorado estabas… y cómo lo sabían los que te dieron cancha en los medios (no muy alejados de esos poderes del IBEX que tanto detestas).

Porque en verdad te digo que podrías haber hecho mucho más, que llegaste en un momento donde podrías haberlo incendiado todo. Que se cometieron barbaridades cuya denuncia no implicaba una enmienda a la totalidad del sistema de mercado, que estaban a la vista para cualquiera con un poco de formación económica y curiosidad… que hasta después de la intervención de la troika de 2012 siguieron llevándoselo a espuertas en cierto banco no muy bueno que se creó y que jamás va arrojar ningún beneficio. Pero tu equipo era tan flojo y tú tenías tan pocas ganas de meter realmente el dedo en la llaga. En lugar de hacer un discurso sin fisuras (como el de Bernie Sanders) se lo dejaste fácil a los trolls de twitter y a los cuñados del Whatsapp, que podían mofarse de tus ocurrencias. Preferiste adaptar el mensaje a los prejuicios de los más necios de tus seguidores. Pero eso no te lo reprocho porque el técnico en el tema político eres tú y en el balance final no has escapado mal.

Así que Adiós, querido Pablo, alma mía. Aunque no me cabe duda de que terminarás volviendo de alguna forma después de un tiempo, como volvió Borrell, porque en la política española, salvo el pobre Gerardo Iglesias que se volvió a su mina sin dar un ruido, nadie se va del todo. Gracias por la ilusión que muy al principio hiciste aflorar en mí y por haber contribuido a la perpetuación de aquello que querías destruir. Que te vaya bonito.

Comentarios Destacados

  1. Un placer siempre poder disfrutar de sus magníficos artículos, que combian un análisis mordaz con un toque de humor de lo más necesario.

    Uno tiende a analizar situaciones históricas ya pasadas, con la ventaja de una mayor perspectiva temporal respecto a la que usted comenta pero con un menor conocimiento de según que detalles.
    Iba a decir que con la ventaja de una mayor objetividad al no estar en medio del proceso, pero creo que me equivocaría con dicho comentario ya que es difícil separarse de las propias motivaciones ideológicas incluso cuando el pasado ya está muy lejos.
    El ver excesivamente el propio proceso histórico como herramienta para validad o invalidar ciertas hipótesis sobre la propia concepción del devenir social, termina condicionando en exceso este tipo de análisis.

    No es fácil distinguir si uno tiene animadversión (o simpatía) al personaje en concreto o a sus ideas.
    Si el hecho de que tenga una buena dosis propia de cierta corrupción hacia sus ideas, es algo a favor o en contra precisamente de las supuestas ideas que defiende.
    Si el fracaso de este tipo de personajes es una muestra que los problemas que los hicieron aparecer no existen o más bien que igual pueden complicarse todavía mucho más haciendo aparecer personajes incluso peores.
    De como el régimen de turno se aprovecha de los mismos para intentar no abordar esos problemas pero eso precisamente igual puede conllevar un peor intento de resolución final de los mismos.

    El exceso de polarización hacia los extremos suele llevar a situaciones de difícil resolución y al final la existencia de según que personajes uno no sabe hasta que punto es causa o consecuencia. Ya saben eso que tan difícil es de diferenciar en el fondo cuando uno analiza sucesos pasados y que cambian totalmente la perspectiva sólo con variar que algo sea causa a que sea consecuencia o a la inversa.

  2. Un cordial saludo, ChalesLogan.

    Le sorprenderá la siguiente afirmación, pero no todo en Podemos es malo y, por sorprendente que parezca, en algunos puntos en materia inversora coincido plenamente con ellos.

    Lo mejor es siempre aportar un claro ejemplo y aquí se lo señalo: Podemos pide en plena crisis que en los comedores de Baleares se sirvan huevos de gallinas libres y no enjauladas | Baleares

    Como accionista de Cal Maine Foods, opino exactamente igual, es más, extendería la propuesta a todo el sector, tanto público como privado, prohibiendo los productos de explotaciones intensivas.

    No veo otra forma de rentabilizar los 350 millones que se han gastado en el último quinquenio para adaptarse a los gustos del mercado, esperando obtener una rentabilidad que, de momento, no llega.

    No obstante, visto como ha evolucionado y evoluciona la cotización de esta empresa y sus productos, he podido resolver uno de los primeros misterios que, hasta la fecha, tenía planteada la humanidad: ¿Qué fue primero, el huevo o la gallina? Indudablemente la gallina, los huevos, sean intensivos o camperos, no los quiere nadie, visto los miseros resultados empresariales que, insistentemente, presentan trimestre tras trimestre. Se de lo que hablo, como habrá comprobado. Y he sufrido mucho.

  3. Pablo Iglesias, y por extensión Podemos y todos sus satélites, son lo que Gustavo Bueno llamaría la Izquierda Indefinida. Una izquierda que no tiene un proyecto político definido respecto a los asuntos del Estado y que se mueve más en coordenadas que siguen criterios socioculturales, morales y éticos. Una izquierda utópica, idealista y metafísica, muy alejada del materialismo marxista-leninista a los que tanto gustan nombrar. Una izquierda “infantilizada” representada por las ONGs, el mundo cultural e intelectual, en movimientos como el animalismo, el ecologismo, el feminismo o la teoría queer.

    La intención de PI nunca ha sido la de iniciar un proceso revolucionario (por muchos puños al aire que levante y triángulos rojos que vista), principalmente porque no tiene conciencia de clase (le faltó tiempo para salir del barrio obrero del que dijo que jamás abandonaría para comprarse un chalet en uno de los barrios con mayor PIB de España). Simplemente, como buen arribista, no dejó escapar la oportunidad de asegurarse un futuro cómodo, encontrando (y fomentando) su “nicho de mercado” en todo ese popurrí de movimientos culturales presentes en la sociedad civil, con el único fin de situarse e intentar perpetuarse en el poder, creando redes clientelares y nepóticas (la máxima expresión del nepotismo: crear un ministerio ad hoc para poder colocar a tu pareja). Sin querer extenderme mucho más, PI y todas esas organizaciones que nacieron del movimiento del 15M, cumplen a rajatabla lo que Robert Michels llamó “la ley de hierro de la oligarquía”: cualquier forma de organización sociopolítica, incluyendo los movimientos formalmente democráticos, llevan inexorablemente al gobierno de una élite minoritaria, que tenderá a querer perpetuarse en el poder por encima de los ideales, valores y las propias masas que originalmente decían representar.

    Pequeño burgués que diría Marx.
    Ahora que ya está fuera de la política quien le asesora le habrá dicho que ya no es necesaria esa coleta y que en los medio audiovisuales se estila más un look clásico y aseado.

  4. Buenos días, al hilo de este blog me gustaría hacer una reflexión sobre los criterios que siempre ha mantenido este foro en cuestión de respeto por las ideas contrarias y entre las personas que lo componemos.
    Desde mi punto de vista, entrar a elogiar o denigrar posturas políticas sólo nos llevará a convertirnos en un “Sálvame” o “Forocoches”, cuestión que siempre han evitado con buen criterio los moderadores de +D.
    Si cada uno de nosotros nos pusiéramos a alabar o despotricar en +D a Pedro Sánchez, Díaz Ayuso, Abascal, etc., estoy seguro que acabaríamos con un hartazgo que nos llevaría a más de uno a salir corriendo, como así me ha ocurrido en más de un grupo de WhatsApp dónde no se ha calibrado bien hasta donde llega la sensibilidad de los demás.
    Con esta reflexión no quiero en absoluto coartar la libertad de cada cual de expresar sus opiniones políticas, sino de proponer que se canalicen éstas a través de los foros adecuados.

  5. El problema está en como establecer una línea clara de separación entre el debate económico y el debate político, para permitir lo primero y no lo segundo.

    A medida que uno va profundizando más en según que debates se da cuenta que bajo las premisas iniciales siempre suele haber una raiz ideológica que es tan evidente para unos como falaz para otros.
    Vamos que uno empiza un intento de análisis objetivo y termina considerando objetivos vitales, prioridad de los mismos y/o visiones de la vida.

    Yo no tengo claro cual es el punto bajo el cual permitir según que debates que pueden entrar en ámbitos ya más personales y cuando no. Fíjense el tema de los objetivos bajo los cuales guiar nuestra inversión, hay quien se quiere forrar, hay quien busca la independencia finaciera, hay quien busca un uso racional de su dinero, hay quien se lo toma como un juego con el que divertirse y hay quien busca otras cosas.

    Viendo los debates encarnizados que hay en otros sitios sobre este tema, uno se preguntaría si es buena o mala idea permitir este tipo de reflexiones. Sin embargo aquí en +D está llena precisamente de grandes reflexiones sobre el tema que incluso uno puede disfrutar teniendo unos objetivos distintos.

    Al final la cuestión es no convertir algo en excesivamente personal cuando uno debería intentar ser capaz de mantener cierta objetividad. Si lo convertimos en personal precisamente es que estamos perdiendo la capacidad de análisis crítico.

    Yo soy el primero que a veces me he salido de madre sobre algún tema y he tenido luego que rectificar y esperar que el destrozo no fuera excesivo. Pero no creo que sea válida la opción de vetar a la mínima cualquier tema por poder herir ciertas sensibilidades.

    Si así fuera no se podría hablar ni de productos de inversión, ni de estrategias ni de casi nada, porque siempre habría alguien que se sentiría molesto por la mínima crítica sobre ello.
    Si alguien ha visto o leído El Nombre de la Rosa, parte de la trama precisamente va sobre la risa y hasta que punto es razonable reirse de algo como la religión, no para burlarse de los demás, sino como mecanismo para incentivar cierta capacidad de autocrítica.

    Vamos espero que en +D los escritos políticos brillen por su ausencia, pero no se hasta que punto consideraría el escrito de @CharlesLogan como mucho más político que muchas otras opiniones vertidas en según que otros hilos. Más bien lo considero un gran ejercicio de sarcasmo y de ironía y de una muestra de su capacidad para destapar debilidades que otros intentan mantener bien escondidas.

    Les dejo una de sus perlas: The ecstasy of gold

  6. Es difícil mejorar la respuesta dada por @agenjordi . Generalmente hay temas que se sabe por experiencia que pueden generar debates incómodos, siendo la política uno de ellos.

    El texto de @CharlesLogan solo puede entenderse en su verdadera magnitud cuando uno conoce al autor, su brillantez, su fino sentido del humor y su capacidad para sacar de la zona de comfort al lector para hacerle considerar puntos de vista distintos.

    Entiendo que para una parte de la Comunidad pueda no ser cómodo, pero creo que a veces hay que ser capaces de ver más allá y valorar como un regalo la suerte de que alguien como @CharlesLogan invierta parte de su tiempo en compartirlo con los demás.
    Créanme, que es todo un lujo.

  7. Las ideas no se respetan, se debaten, discuten y argumentan. Tampoco las personas se respetan por su condición de persona. Hay ideas y personas que no son respetables. Un tema distinto son los modales y la educación en el trato y el lenguaje. Pero el respeto implica sometimiento, reconocimiento y acatamiento… y silencio. De hecho, apelar al comodín “respeto”, es el último recurso al que recurre una persona cuando trata de imponerse y terminar con un debate cuando la vía argumentativa se ha agotado

    En segundo lugar, como bien comenta @agenjordi , querer separar el análisis de la economía del análisis de la política es una ilusión. No se entienden la una sin la otra. Los grandes tratados sobre economía, desde Adam Smith, pasando Ricardo, Marx, Mises o Keynes son también tratados de política, con un gran componente ideológico. Son indisociables.

    El modelo productivo español actual centrado en el sector servicios no se entiende sin el desmantelamiento de su industria en los años 80 bajo el mandato de Felipe González, en lo que se llamó “proceso de reconversión industrial”, con la venta de empresas públicas a capital privado extranjero, dentro del marco de su entrada en la CEE (hay que tener en cuenta que a mediados de los años 70, España era la décima potencia mundial industrial). El acuerdo no tácito era el de convertir a España en un país especializado en el sector terciario y mano de obra barata en el marco de la división de trabajo europea. Las repercusiones de esta decisión política son de tal calado que aún hoy el país está sufriendo sus consecuencias a nivel económico.

    En tercer lugar, el análisis de la política no puede no ser personalista desde el momento en que las ideas no tienen la capacidad de autoconstruirse y son las personas quienes las promueven y llevan a cabo. Y más en un régimen partitocrático como el español en el que se vota a un cabeza de lista que puede hacer y deshacer a su antojo, y en el que los diputados están obligados a seguir la disciplina de partido en las votaciones parlamentarias.

    En cuarto lugar, la economía tampoco es inmune a las ideologías. Las medidas fiscales o el modelo productivo no serán los mismos si quién los pone en práctica tiene ideas liberales o socialistas, o si es nacionalista o internacionalista.
    En España tenemos una partida del presupuesto estatal dedicada a financiar un ministerio cuya base es estrictamente ideológica, como es el ministerio de igualdad. Desde el momento en que admitimos que política y economía son dos caras de la misma moneda, las ideologías políticas tienen que entrar en el análisis económico.
    Tampoco a escala microeconómica y en la inversión se es inmune. Ahí tienen los criterios ESG, un concepto totalmente abstracto, sumergido en ideología, que afecta a empresas y sectores.

    Uno puede si quiere obviar el tema, pero no hará que desaparezca.

  8. Como es habitual siempre que se tocan temas políticos, el debate levanta pasiones que ni la Jurado en sus mejores actuaciones, pero no por apasionados que sean dichos debates significa que haya que evitarlos. Discutir con educación, respeto y caballerosidad deben ser cualidades transversales, como la admiración por un buen pincho de tortilla.

    Por lo que respecta al Sr. Pablo Iglesias, les diré que es un hombre que me queda bastante lejos en cuanto a ideología política pero que cuando no se viste de político me gusta mucho escuchar. A mi juicio, intelectualmente le da mil vueltas a los líderes de los otros partidos -Sánchez, Casado, Arrimadas, Abascal- y si tuviera que elegir a alguien para ir a tomar el pincho mencionado en el párrafo anterior, sería con él. Otra historia es que mis intereses o ideas estén mejor defendidas y representadas por los demás políticos. Asimismo, los que nos situamos en el espectro derecho de la política, quizá deberíamos agradecer a Pablo Iglesias todas las incongruencias y acciones que tanto le hemos criticado porque gracias a ello hoy Podemos no es ni la la sombra de la amenaza que fue. No hace tanto tiempo, con la crisis del euro, la victoria de Syriza en Grecia, el 15-M del que hoy se cumple un año, etc, nos mirábamos a Podemos y compañía no con desdén ni esta superioridad que hoy nos gastamos con ellos sino con pavor que alcanzaran el poder, incluso se habló durante un tiempo de sorpasso al PSOE. El país estaba gobernado por un PP que única y exclusivamente se dedicaba a hacer de contable sin construir un discurso y unos valores con lo que los ciudadanos pudieran sentirse identificados más allá del Excel, de ahí que me huelo que algunos poderes económicos y altas esferas tuvieran que rescatar a toda prisa un partido como Ciudadanos, en aquel entonces esencialmente radicado -y tampoco mucho- en Cataluña, y en horas bajas pero con un líder que vestía y olía bien para ofrecer algo de ilusión a los españoles desesperanzados y cansados que no querían o no habían sucumbido aún a los cantos de sirena de la izquierda radical.

    Volviendo al Sr. Iglesias, aunque antes he dicho que intelectualmente es un hombre con la cabeza bien amueblada, políticamente no ha sido muy inteligente. No al menos desde aquella noche en que irrumpió consiguiendo representación en el parlamento europeo mientras media España se preguntaba de dónde había salido ese tío. Pasó de denunciar y ocuparse de temas que preocupaban e indignaban a muchos ciudadanos (otra cosa es que las soluciones propuestas a dichos problemas fueran buenas o malas, o la demagogia que gastaba en ellos) a simplemente intentar colocar a los suyos y él mismo en tantos puestos de poder e instituciones como fuera posible sin pasar casi nunca a efectuar ningún cambio real o tomarse muy en serio la política, para limitarse a la política espectáculo y al simbolismo, no sin antes ceder a todas las chorradas del posmodernismo progre que lo alejan de la gente a la que supuestamente aspira a representar. Ahora son las niñes y todes pero para mí cambiar el nombre de un partido como “Podemos”, seco, contundente, directo y fácil de recordar por todos, por el de “Unidas Podemos” ya fue bastante significativo que ya sólo mantenía el contacto con la clase obrera por los documentales de “Callejeros”. Abro paréntesis: “Callejeros” es pura pornografía de la pobreza, exhibicionismo del desdentado y el gitano pobre pero alegre. A veces me he quedado enganchado viendo el programa, pero luego como ser humano me siento peor. Cierro paréntesis.

    Pablo Iglesias ha sido un inversor a corto plazo y le ha salido bien, como el que metió cien mil euros la criptomoneda del perro y ha alcanzado la IF, pero me temo que no ha aportado nada a quienes quería representar. La gente trabajadora entiende que la familia es lo primero, pero meter a tu novia de ministra quizá es demasiado; la gente trabajadora viste informal porque en su vida no tienen muchas ocasiones que les exijan etiqueta, pero saben perfectamente que un Ministro no puede ir en tejanos y camisa de cuadros y ser tomado en serio; la gente trabajadora entiende perfectamente que si te ganas bien la vida quieras salir de tu piso pequeño de Vallecas y mudarte a un sitio mejor, pero de ahí a saltar directamente al chalé de Galapagar quizá sea un poco excesivo.

    Nunca sabremos del todo si Pablo Iglesias pretendía realmente ayudar a la gente o simplemente ha sido un aprovechado. En cualquier caso a él le ha salido bien la jugada, al menos a nivel patrimonial, y dejando el partido como lo ha dejado, los que no pensamos como él, también podemos estar contentos ya que con su retirada respiramos más aliviados que ayer. Creo que todos hemos ganado. Le deseo mucha suerte en la vida.

  9. Cierto también, pero aquí hay que matizar, eso lo hacen los que poseen un suficiente intelecto. El resto, mucho más habitual, recurren al insulto antes de dar por zanjado el asunto.

    Y aquí surge un problema psicológico y psiquiátrico de mucha enjundia. Un servidor, experto en ambas ciencias (aporto como prueba la subscripción a la revista Mas Allá), es contrario a todas las teorías sobre la consistencia intelectual del insulto que defienden mis colegas, a diferencia de ellos soy de la opinión que el insulto es una prueba más, entre otras muchas, que quien ejercita el insulto tiene muchas posibilidades de ser tonto, es una pista a considerar.

    Y es que mantener una simple conversación es un acto de gran dificultad, de las tareas más complejas que existen, me rio yo del pisto que se tiran los de caminos cuando diseñan una presa.

    Has de explicar tu mensaje, tener las ideas claras, buscar las palabras, verbalizarlo leyendo de tu biblioteca, todo ello con el correspondiente teatro. Es complejo, muy complejo. Y ahora se incrementa la dificultad interviniendo otra acción, la respuesta, que has de analizar, comprender, reiniciando el primer proceso, pero agravado: has de decir lo que piensas y, adicionar el porqué consideras que el contrario está equivocado o que puntos mejorar. Y tiene toda la pinta de durar rato, a más rato incremento por acumulación del trabajo. Es cansado, muy cansado. Y si tienes por contrario a un tipo con luces, ándate con cuidado. Insisto, complejo, muy pero que muy complejo.

    Cuando se llega a un estado de agotamiento, o no, unos más rápidos que otros, que en esto hay de todos los caracteres, se recurre de inmediato al insulto. Se comprime todo lo anterior en una sola palabra, el insulto, y se ahorra uno un esfuerzo mental que puede ser necesario para otros menesteres. Y si estamos de acuerdo que recurrir al insulto es por vaguedad mental, dicha vaguedad es uno de los inputs, son necesarios otros, del concepto de tonto comúnmente más admitido (es necesario utilizar lo que conocemos por un tonto medio dada las múltiples variantes de tipos).

    Mis colegas no comparten mi opinión y realizan una férrea oposición, opinan que es un acto de mera negatividad en la libertad personal, como le digo, es incomprensible, yo siempre les insulto, es que no los soporto, eso si, utilizo el insulto compuesto de más de una palabra, más complejo y elaborado, con graciosas referencias a sus familiares más cercanos o, si se tercia, a su condición sexual. Lo que le digo, es incomprensible.

  10. Correcto. Por eso creo importante matizar que las ideas no merecen respeto por si mismas. Eso no es incompatible con respetar el derecho a poder exponer esas ideas. Pero son dos conceptos muy distintos. Usted lo que sostiene (y con razón) es el derecho a poder exponer sus ideas. Las ideas se debaten y argumentan. El derecho a poder expresarlas se respeta. Como comento, no hay que confundir no respetar algo con los malos modales. Yo puedo no respetar sus ideas (entendiendo “no respetar” como discutir sus ideas) manteniendo un debate educado y sin recurrir al insulto o descalificaciones.

    Lo que expongo es en cierta manera la paradoja de la tolerancia de Popper, que muchas personas no entienden. Popper no sostenía que se tenía que ser intolerante con el intolerante, pues eso convierte a uno mismo en intolerante. Sino que las ideas intolerantes, antes que prohibirlas, hay que combatirlas con la argumentación y el uso de la razón. Se prohíben únicamente, tanto legal como socialmente, cuando esas ideas se acompañan del uso de la violencia física.

    Como usted comenta, el ser humano necesita una forma de organización social, de contrato social entre sus partes. Hasta la fecha, en las democracias occidentales, la opción que nos parece más justa y razonable es el gobierno de la mayoría, y sin embargo no está exento de inconvenientes. Diversos autores ya han escrito sobre las limitaciones y déficits de las democracias, que no están en una carencia en su aplicación, sino que son inherentes a los propios fundamentos de las democracias.

    El propio término “democracia” ya necesita de la aceptación de ciertas premisas, que, lejos de estar claramente definidas, son más bien opacas. Necesita, entre otros muchos términos, una definición clara de la idea de “pueblo”, “todos”, “mayoría”, “voluntad general” o “bien común”. Algo aparentemente tan básico requiere de una profunda reflexión si lo que se pretende es ser preciso en el análisis. En las democracias atenienses el “demos” no incluía ni a esclavos, ni a metecos, ni a mujeres y jóvenes. La historia de Estados Unidos se construye alrededor de la exclusión y la explotación de los negros. El “pueblo estadounidense” no incluía a las personas de raza negra. Es un claro ejemplo de lo que se conoce como “la tiranía de la mayoría”. Como, con la justificación de la mayoría, unos muchos pueden oprimir a unos pocos. Lo que nos conduce directamente a la falacia de asumir que la decisión mayoritaria es necesariamente la decisión correcta. Una mayoría puede perfectamente actuar en contra de sus propios intereses. Eso nos conduce a su vez a tener que definir los términos “intereses de la mayoría”, “voluntad general” o “bien común”. ¿Son términos unívocos? ¿O ambiguos? ¿Es posible diseñar unas reglas de elección que consigan agregar todas las distintas preferencias de los sujetos que la componen en una preferencia global (teorema de imposibilidad de Arrow)?

    Entiéndase que no estoy dando por hecho que usted da por buenas esas premisas, sino que cuando hablamos de democracias o mayorías es fácil caer en posturas fundamentalistas. Tampoco estoy diciendo que las democracias sean las únicas formas de organización social con contradicciones. Pero, a diferencia de otras formas de organizaciones políticas como las monarquías, oligarquías y tiranías, de las cuales todos más o menos entendemos sus vicios y limitaciones, pocos entienden los propios límites de las democracias modernas. Algo curioso teniendo en cuenta que los considerados como sus padres fundadores, los atenienses, ya exponían sus críticas al modelo del gobierno de todos. Hay que recordar que Aristóteles (aunque era meteco, pues nació en Macedonia) consideraba la Democracia como la forma degenerada de la República. Y el mismo Sócrates, en boca de Platón en La República, ya expone sus dudas respecto a la democracia comparando el gobierno de una sociedad con la navegación de un barco. Para Sócrates el proceso de votación es una habilidad, no un instinto, y, por lo tanto, como toda habilidad, necesita de formación, educación y práctica.

    Gracias por los datos que aporta. Es cierto que España estaba pasando por una crisis estructural, en gran parte debido lógicamente al proceso de transición democrática. El sector industrial estaba anquilosado. Sin embargo, eso no justifica en absoluto el desmantelamiento industrial que sufrió el país. Recuerde las palabras del ministro de economía del gobierno de Felipe González, Carlos Solchaga: “¿Qué hay de malo en que nos convirtamos en un país dedicado a los servicios?”. La decisión de desindustrializar el país no fue una decisión coyuntural (deshacerse de las empresas deficitarias), sino estructural, un cambio en el modelo productivo. Fue algo premeditado y planificado. Había formas de sanear el sector industrial sin tener que hacer una enmienda a la totalidad.

    En ningún momento quiero dar a entender que España sea el único país con un sesgo ideológico en sus políticas. De hecho, a mi juicio, es una condición que comparten todas las democracias europeas y occidentales, y es algo que se promueve directamente desde los organismos supranacionales.

    Un saludo

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