El último reducto de la libertad individual

Uno de mis comentaristas económicos favoritos durante la crisis era PPCC, iniciales que responden a Pisitófilos Creditófagos, nick que resumía a la perfección la etiología de la burbuja inmobiliaria española. PPCC no tenía un sitio fijo (aunque algunos usuarios de la web burbuja.info estuvieron recopilando todas sus intervenciones en la red en un blog), se instalaba en diversos sitios y en algunos lo toleraban mejor que en otros. Estuvo un tiempo en el blog de Hódar y la cosa acabó como el rosario de la aurora (con acusaciones cruzadas, siendo la de PPCC que Hódar había puesto en marcha investigaciones para desvelar su identidad), luego estuvo en el de Manuel Conthe (también en Expansión) con el que convivió pacíficamente y hacia 2013 acabó recalando en el blog de Lacalle en El Confidencial. 

Con Lacalle tuvo agrias polémicas unidireccionales (porque Lacalle nunca contestaba). Posiblemente fuera el anfitrión cibernético con el que mantenía mayores discrepancias ideológicas. Llegó un momento en que los comentarios vitriólicos que le dedicaba al que estuvo a punto de ser el señor Ministro de Economía del Reino de España (nada menos) eran dignos de disfrutarse con un cartucho de palomitas en mano. PPCC sabía dónde pegar: tachaba a Lacalle de Keynesiano (en su vertiente fiscal por su afán de estimular la economía rebajando impuestos), también le acusaba de preconizar el estajanovismo piramidal, sistema donde las masas se desloman trabajando por cuatro chavos con la esperanza de algún día alcanzar el premio de la bonoloto laboral (sobrenombre que utilizaba para describir los extravagantes sueldos de los directivos de las grandes empresas) y de hacerse histriónicamente el facha para que así los ricos se fiaran de él y le dejaran gestionar sus dineros. En una de las últimas intervenciones que le recuerdo, PPCC afirmó que Podemos, salvo por las sandeces que dice en materia de economía,  era un partido necesario para defendernos de gente como Lacalle que, de acabar implantando sus políticas, convertiría a nuestros hijos en esclavos. Así, según PPCC, el empleo público era en España el último reducto de la libertad individual.

Por circunstancias de la vida, en 2013 acabé de empleado público, de profesor de secundaria concretamente. Al ver venir la crisis a cámara lenta tuve tiempo de preparar varias alternativas y al final no salió el plan B, ni el C, sino el D. La enseñanza pública fue mi refugio mientras llovía fuego y azufre sobre Sodoma. Allí encontré todos los elementos para curarme de las crisis personales y profesionales que había ido encadenando prácticamente desde que empecé a trabajar: compañeros con cultura (con los que mantuve algunas de las conversaciones más interesantes de mi vida), un ambiente de trabajo donde no hay competencia entre iguales, la práctica ausencia de jefes, la posibilidad de conciliar, LAS SIESTAS de cada tarde, la posibilidad de disponer de tiempo para hacer deporte y disfrutar de las aficiones, y fundamentalmente el cariño mayoritario de los alumnos (que es una experiencia de lo más adictiva). Lo que más me gustaba era el cosquilleo que uno sentía a la vuelta de las vacaciones de Semana Santa, cuando llegaba el buen tiempo, los días largos y comenzaba la cuenta atrás para las largas vacaciones de verano. 

A los cuatro años pude regresar a la empresa privada a tiempo completo y a regañadientes tuve que renunciar a esa vida tan plácida, forzado en parte por los costes hundidos de mi formación y trayectoria que yo mismo me recordaba (La parábola de los talentos martilleando mi mente). El día que fui a presentar mi renuncia al instituto en que iba a trabajar aquel año, donde estaban los compañeros preparando con ilusión el comienzo del nuevo curso, fue uno de los más deprimentes de mi vida.

Con todo lo que me meto con Naval, al que califico de vendemotos y de Paulo Coelho del mundo de los negocios, resulta que de vez en cuando dice verdades como puños como la de “A taste of freedom can make you unemployable”. Eso es así, fundamentalmente porque cuando has conocido otras realidades y sabes que siguen ahí esperándote, ya no aguantas tonterías de nadie. Las reuniones inacabables, los eventos corporativos absurdos, el estúpido networking, las evaluaciones de desempeño, el quedarse media hora cada día leyendo el Marca para no irte antes que el jefe, todas esas mezquindades cotidianas se vuelven tan irritantes que no las soportas. Porque, seamos francos, por lo general (salvo honrosas excepciones) el trato de las empresas hacia sus empleados en España deja mucho que desear. Estamos en un país que aúna la plusmarca de paro juvenil con prejubilaciones masivas en las grandes empresas a partir de los cincuenta y pocos. Donde la pensión mediana es superior al salario mediano gracias a la actitud canibalizadora hacia sus descendientes de la generación langosta (de la que hay suficiente material como para escribir una entrada aparte). El día que vi cómo ponían en la puñetera calle con 52 años a un compañero por razones que los jefes aún no han sabido explicarme, decidí que un servidor (como afirmó Buffett sobre Berkshire, en una de las cartas anuales) jamás iba a depender de la amabilidad de extraños.

Imagen de la lucha generacional en España

Este año con el confinamiento me he dado cuenta de varias cosas: de lo feliz que soy en mi casa, de lo mucho que se benefician mis hijos del tiempo que les dedico y de que, cubiertas ciertas necesidades básicas, no tiene sentido intercambiar tiempo por dinero. Pensé que no vale la pena perseguir un mañana que se arrastra con paso mezquino, porque, como dijo el bardo de Stratford, todos los ayeres han alumbrado a los necios el camino a la polvorienta muerte.

Con el inicio del año escolar comencé una nueva vida, revestida de la ilusión inaugural que siempre han traído los comienzos de curso.  Aún no he sido capaz de desvincularme por completo de las legacy activities,  pero ahí ando sin prisa pero sin pausa, esperando poder estar libre del todo para cuando vuelva el canto de las golondrinas.

P.D.: A ver cómo se concilia esto con lo de La IF de los Cojones.  “¿Que yo me contradigo? Pues sí, me contradigo. Y, ¿qué? (Yo soy inmenso, contengo multitudes).”

Comentarios Destacados

  1. ¡Por fin un post de alguien normal! Un ser humano que no recomienda torturas como levantarse a las 5 de la mañana o ducharse con agua fría para ser más productivo, que lee el Marca y no a los estoicos de los cojones, que es asalariado y no emprendedor y que habla de la realidad laboral de nuestro país. ¡Queremos más posts suyos!

  2. Le felicito por el U turn. Creo que los gallegos lo llaman el derrape del contrabandista, más lírico y metafórico. Los alumnos están de enhorabuena profesor.

    Sobre lo que ha escrito, muchas gracias por compartirlo. Un placer leerle, se disfruta igual que el primer café del día, que se consume rápido pero deja poso.

  3. Aunque se lo he comentado en privado, lo volveré a hacer de nuevo en público. Este último texto va directo a mi particular Hall of fame de Blogs +D.

    Es difícil aunar trazos de verdad desgarradora con un afilado estilo que le va llevando a uno de un punto a otro con tal maestría.

    Del contenido del texto comentaré en otro momento, pues añadir palabas vacías por falta de tiempo no es digno de la ocasión.

    Felicitaciones, Don Gustavo,

    Edito y añado: Con su particular forma de escribir, @SirHall ,es usted firme candidato a tener un Blog +D. Qué buenas risas de buena mañana. Lanzado queda el guante :wink:

  4. Que bien lo he pasado leyéndole @CharlesLogan por su escrito y por recordar aquellas épocas en la que la lectura de PPCC (Pisitófilos Creditófagos) era la primera de la mañana.
    Aún, a veces, le echo un ojo.

    Acertaba con todo.

    • La burbuja inmobiliaria.
    • Comprar acciones de Repsol cuándo estaban deprimidas
    • Salirse de la banca…

    Y tan crítico con el sistema de generaciones. Unos que se han jubilado con pensión máxima, comprado casa cuándo en 10 años se pagaba, y se había creado una generación que se había comido la burbuja inmobiliaria, endeudado de por vida y manteniendo familia con sueldos de pensión baja.

    :upside_down_face::upside_down_face::upside_down_face:

    Me ha sacado usted una sonrisa @SirHall

    Y me ha recordado también a una entrevista que le hizo Luis del Olmo al que por entonces era presidente de Planeta José Manuel Lara .
    Luis del Olmo le comentó que, el empresario creador del Chupa-Chups había estado en el programa anterior contando que se levantaba a las 5 de la mañana, para repartir con su moto los caramelos y así poco a poco creo un imperio por todo el mundo.

    Y Lara contestó:

    - “Hacerse rico madrugando no tiene mérito. Además, no puede ser bueno para la salud” :flushed:

  5. ¡Qué gran persona y qué suerte van a tener sus alumnos, amigo @CharlesLogan! Evidentemente, todos estamos muy sesgados, por nuestro contexto, nuestros sesgos :slight_smile: , y nuestras circunstancias y me va a permitir que vea el vaso, inusitadamente en mi, medio lleno en este caso. Creo que en España hemos ido mejorando y bastante en los últimos años y me parece que esa es la dirección correcta. Lo que sí es cierto es que hay una brecha en general, como Vd. bien refleja, entre el trabajo público y el privado. Y aquí estoy seguro de que todos tenemos nuestras recetas, también impulsadas por nuestros valores.

    Me ha hecho bastante gracia la anécdota de PPCC, muy opinionado, a la vez que muy anónimo y a expensas de que acertara con algunas cosas, también en otras profundamente equivocado. Recuerdo que hablaba mucho con @MAA de él y de las tonterías que decía muchas veces. Creo que tuvo su momento de gloria al calor de la depresión del 2008 lo que ya dice bastante. Ciertos mensajes son mucho más fáciles cuando todo está oscuro, como su identidad. Y es que siendo anónimo es fácil opinar y hacer caricaturas.

  6. Celebro la ilusión con la que encara su nueva vida, espero que le dure. Me ha recordado una antigua etapa mia, casi olvidada, a la que tampoco pude adaptarme.
    Es curioso como mucha gente puede obviar los aspectos desagradables de un trabajo (" a mi plin, yo cobro a fin de mes" )y en cambio para otros es imposible.
    El tiempo pasado con los hijos es muy valioso, rara vez se arrepiente uno de haberlo invertido en ellos, de hecho, una de las cosas que más me duele es responder negativamente cuando mis hijos me dicen “juega conmigo” o “deja el ordenador”.

  7. Buenos dias. He leído este post por casualidad y debo decir que lo encuentro muy valioso. Incluso me he animado a intervenir, algo que me cuesta mucho porque no suelo encontrar nada interesante que decir. En este caso, quisiera llamar la atención sobre el empleo público. Debido a las circunstancias que se dan en España, que tan bien se han reflejado en el post, al empleo público lo califico como un “sumidero de talento”. Viendo las alternativas que ofrece la empresa privada, el empleo público atrae a gran parte ( no a todos ) los “mejores” tanto en talento como en capacidad de esfuerzo. Esto es una adaptación al medio. Con todas las excepciones y salvedades que puedan darse, los “mejores” tienden a quedarse con lo mejor ( en este caso hablo de lo profesional, no mezclar otros aspectos de la vida) . Lo que no sé es si será beneficioso para la sociedad en conjunto.

  8. Gracias por su texto, CharlesLogan.

    De jovencito lo tuve ya claro, por un lado era y soy plenamente consciente que no tengo abundancia de luces y, de otro, por entrar a trabajar a los 16 años en un banco, no quería pasarme la vida sentado en plan “amanuense” por una teórica seguridad, hablamos del año 1972. Lo que quería era realizar proyectos, cambiar de tanto en tanto, no aburrirme, ganar el suficiente dinero para llevar una vida cómoda y, muy especialmente, esforzarme mucho pero poco tiempo, no por vago, no, sino por un problema de tiroides que no he conseguido sanar en toda mi vida, la medicina recomienda un permanente descanso y eso es una fantasía. Es curioso, por entonces no sabía hacer absolutamente nada, casi como ahora.

    Estuve un tiempo pensando, por decir algo, y llegué a la conclusión que, en la España de aquella época, como la de ahora, era difícil tener una estabilidad sin llevar un paracaídas permanente, modelo “Por si las moscas”. Miré mis escasos inputs y la conclusión fue que debía estrujar la memoria, un don del que incomprensiblemente me habían colmado los dioses y que la edad está menguando. Tocaba oposición, con sueldo decente y un esfuerzo de estudio no superior a estar sentado en mesa un par de años, debía compaginarlo con trabajo, familia a la que dejé semi abandonada, aquí la importancia de quien te soporta es fundamental y, lo más importante, especializarte en lo que fuera pero que tuviera aprecio por el sector privado.

    Y acerté. Siendo un culo de mal asiento y hasta cumplir los 49 años, he trabajado más tiempo en el sector privado que en el público, con constantes saltos de entradas y salidas, me he divertido trabajando aunque pueda sonar a sacrilegio.

    Acertadas o no he sacado dos conclusiones ahora ya jubilado:

    En la empresa privada, mejor dicho, en la gran empresa privada puedes ganar un pastizal, pero has de ser determinante en el proyecto que se te adjudica, te exprimen como un limón y aprovechan la piel para numerosos cocteles y, ultimado el proyecto y ya agotado personalmente, patadón y a la calle. No me quejo, es un juego del que has de ser consciente desde el inicio.

    En la administración pública, en estos tiempos quizás ya no, el sueldo es justo ocupes el escalafón que ocupes, pero tienes innumerables ventajas que no voy a detallar, son celebradas, aunque he de señalar que, frente a la opinión popular, he conocido a excelentes profesionales. El Estado, al menos el nuestro, ha sido, es y será por lo que se atisba, un pésimo empresario, pero tiene la ventaja de ser permanente y, de momento, da la tan soñada estabilidad.

    Lamentablemente, a medida que vas cumpliendo años, llega un momento en el que ya no aparecen oportunidades, ni aunque las busques, la edad manda y los puestos de trabajo escasean y se vuelven extremos: o esclavizado o de director general en una multinacional, exagero un poco la nota.

    Así que, tirando de mi paracaídas, tengo dos, de espalda y el frontal, ambos modelos “Por si las moscas”, mis últimos 15 años de trabajo hasta la jubilación han transcurrido en la muy apreciada administración pública.

    Solo tuve un intento de cambio y ya vi que mi carrera había terminado. No se lo cuento por darme pisto, no lo tiene, en absoluto. Un tipo muy puesto e importante, de esos que van con chofer, visten de Zegna, tres móviles, incapaces de mantener una conversación sin atender dieciséis llamadas, me ofreció un cargo político de cierto nivel.

    Le mostré mi sorpresa, entre otras razones por no militar en ningún partido y un agradecimiento rastrero por haber pensado en mí. Me contestó que buscaban un perfil muy técnico, superior, suficientemente acreditado, alejado de miembros del partido que gobernada en esos momentos y que si aceptaba debería cambiar de administración. En el interín de la conversación iba pensando: este me ha calado y debe pensar que andando escaso de luces y soy tonto, voy a demostrarle que no, que tonto, lo que se dice tonto, pues no. Y le contesté rápidamente que no, alegué varias excusas de tipo familiar, siempre vienen bien, pero le hice una contra oferta: ¿no tendrás por ahí la presidencia de algún consejo de administración de una caja de ahorros, eso sí, honorifica, ya sabes, 12 reuniones al año, presidir con voz pero sin voto y unos 100 mil al año? Me miró, sonrió y me dijo: Para eso hay cola.

    Como ve, lo mío es el mundo de la empresa privada. Eso sí, con paracaídas.

    Disfrute de su familia, de su tiempo y de su trabajo, el dinero extra que pueda darnos unas inversiones es accidental, aunque le reconozco que es el único accidente que espero con ansiedad.

  9. Un escrito magnífico como de costumbre.

    La condición humana es la que es y la que todos hemos padecido y volveremos a padecer.

    Confundir el medio con el objetivo, perseguir objetivos que en realidad nos aportan menos de lo que creemos, despreciar lo que tenemos para perseguir lo que no tenemos aunque en realidad sea menos importante que lo primero, tener que dar muchas vueltas para llegar a un punto no muy distinto del de salida, pensarnos que hay algún tipo de justicia divina que nos va a recompensar por los sufrimientos pasados,etc.

    No obstante como muy bien comenta también hay el otro lado de la moneda, y uno puede encontrar satisfacciones, si las busca y no se obsesiona con según que paraísos futuros, la familia, lo que ya es, una buena conversación, la interiorización o la mejor comprensión de ciertos valores o conocimientos.

    Sobre que tenemos tendencia a valorar poco aquello que ya tenemos o hemos logrado y a hacer un enfoque demasiado personal de según que cuestiones, lo puede también ver en como se ven determinados temas precisamente desde ese colectivo del que usted vuelve a formar parte y uno lleva ya muchos años en él. De todo hay en la viña del señor pero le puedo comentar “casos” con los que me he encontrado, algunos en mayor cantidad otros en menor:

    -Durante la burbuja immobiliaria la sensación que estaban malgastando su vida en la docencia cuando en un buen empleo en según que otros trabajos muy de moda, se estarían forrando.

    -Cuando hubo la bajada del 5% del salario público en la era ZP (espero que le dedique algún post) en lugar de ver la que estaba cayendo, la sensación de que les estaban robando.

    -La necesidad de llenar de actividades que puedan ser apreciadas por los demás su gran cantidad de tiempo libre.

    -En otros casos la necesidad de llenar de otras actividades remuneradas esa gran cantidad de tiempo libre, para conseguir un sueldo mayor, aunque en la mayoría de esos casos, la relación beneficio_limpio/tiempo empeore notablemente.

    Le mentiría si no le dijera haber protagonizado, ni que fuera parcialmente, alguno de estos episodios o muy similares.

    Por otro lado no sé como andará el tema en su tierra, pero en la mía, hace ya años que se está imponiendo la moda de querer instaurar en la educación pública, todo tipo de mecanismos más propios de la empresa privada. Ya saben como aquellos que decían que las cajas de ahorros necesitaban, en la época de inicios de la burbuja, ser gestionadas como entidades privadas. Aquello que tantos debates genera de querer gestionar lo público de todos, como si fuera de uno mismo.
    El resultado se lo puede imaginar, personas a quienes no gusta enseñar, queriendo imponer sus criterios a los que si nos gusta.

  10. Un cordial saludo, Angelitoo

    Puede que le den cera, pero yo comparto su opinión sobre lo inadecuado de los índices, soy contrario a esta técnica inversora y le explico el porqué.

    Abandoné hace décadas la compleja técnica de chuparme el dedo índice para ver por donde sopla el viento y seguirlo, no da resultado, se lo aseguro. Además, de tanto chuparlo, me ha salido una verruga en el dedo de muy, muy, pero que muy mal aspecto, aunque descarto el peor escenario porque tiene dos pelos. Si siguen creciendo, los pelos, se lo comentaré a ver qué opina, porque estoy seguro que Ud. tiene una docta y acertada opinión y necesito imperiosamente conocerla. Como agua de noviembre ¿o era agosto?, excúseme por no recordar el mes, achaques de la edad y que abuso de rebosantes cubalibres muy escasos de cola.

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