La historia de Clarence Saunders es de esas que te enseñan más sobre bolsa que un MBA entero.
Saunders era un tipo de Tennessee que, en 1916, tuvo una idea tan simple que nadie la había tenido antes: ¿y si en lugar de que el tendero te trajera las cosas, las cogías tú mismo de las estanterías? Así nació Piggly Wiggly, el primer supermercado de la historia. Un nombre ridículo para una revolución absoluta.
En 1923, Saunders era rico, lo que se dice muy rico. Pero un día se enteró de que varios fondos de Wall Street estaban apostando contra su criatura. Cortos masivos contra Piggly Wiggly. Y Saunders no era de los que se quedan mirando.
Así que hizo lo impensable: empezó a comprar. Sin parar. Llegó a acumular el 99% de todas las acciones de su propia empresa. El precio se fue de 39 a 60 dólares en semanas. Los bajistas estaban atrapados: tenían que devolver unas acciones que literalmente solo tenía él. Era el short squeeze perfecto, el golpe definitivo de David contra Goliat.
Y entonces pasó lo que nadie esperaba. La Bolsa de Nueva York, que hasta ese momento nunca había intervenido así, paró la cotización. Les dio a los cortos cinco días de prórroga. Cinco días para deshacer posiciones que, en condiciones normales, les habrían reventado.
Saunders perdió todo. La empresa, la fortuna, el imperio… Los tiburones ganaron cuando la Bolsa decidió quién merecía protección y quién no.
Te cuento esto porque esta semana ha pasado algo que me ha recordado mucho a Clarence Saunders.
En el nuevo episodio de Actualidad Semanal +D lo contamos todo, con nombres, cifras y el contexto que los titulares nunca te dan. Sin solemnidad, sin gráficos que parecen jeroglíficos, sólo buena conversación para entender qué demonios está pasando en los mercados; y por qué debería importarte.
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