En 1999, Lucent Technologies era la empresa más admirada de América.
Nacida de las entrañas de AT&T, heredera de los legendarios Bell Labs, donde inventaron el transistor, Lucent fabricaba los equipos de telecomunicaciones que estaban cableando el mundo para la revolución de internet. Su acción no paraba de subir. Llegó a cotizar a 84 dólares. Wall Street la adoraba y todo el mundo quería sus productos.
Había un pequeño problema: sus clientes no tenían dinero para comprarlos.
Así que Lucent hizo algo muy creativo. Empezó a prestar dinero a sus propios clientes para que le compraran equipos. Los clientes pedían un crédito, Lucent lo avalaba, y con ese dinero prestado compraban routers y centrales a la propia Lucent. La empresa registraba esas ventas como ingresos reales, los analistas aplaudían el «crecimiento», y la acción seguía subiendo.
Durante un tiempo, parecía genial. Todos ganaban. Los clientes tenían equipos. Lucent tenía ingresos. Los inversores tenían plusvalías.
Hasta que dejó de funcionar.
Cuando los clientes empezaron a quebrar, pues muchos eran startups sin modelo de negocio sostenible, Lucent se quedó con los préstamos impagados y con equipos devueltos que nadie quería. La empresa tuvo que reconocer 8.700 millones de dólares en pérdidas. La acción cayó de 84 dólares a 55 centavos. Cientos de miles de personas perdieron sus ahorros. La compañía nunca se recuperó.
La lección fue tan dolorosa que durante dos décadas, «vendor financing» se convirtió en una de las expresiones más temidas de Wall Street. Una señal de alarma. Una línea que no debía cruzarse.
Veintiséis años después, esta semana, una gran empresa tecnológica ha cruzado exactamente esa línea.
No es la única. Hay al menos tres compañías del sector más caliente del mercado haciendo variaciones de lo mismo. Y lo más inquietante es que los números involucrados hacen que Lucent parezca un juego de niños.
Esta es solo una de las historias que analizamos en el episodio de esta semana de Actualidad Semanal +D. También explicamos por qué una empresa que llevaba más de una década siendo la más grande del mundo por ingresos acaba de perder ese título por primera vez; qué está pasando con un rincón del mercado financiero que prometía rentabilidades seguras y liquidez diaria y ahora tiene a los inversores atrapados sin poder sacar su dinero; y por qué un tribunal acaba de tumbar la política comercial de un presidente, y a ese presidente le ha dado exactamente igual.
Todo conectado. Todo explicado. Con las cifras, los nombres y la ironía que merecen.
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