En 1999, un gestor de fondos llamado Bill Miller llevaba ocho años consecutivos batiendo al S&P 500. Ningún profesional de la inversión lo había logrado antes y ninguno lo ha logrado después.
Y aquel año, el noveno, Bill Miller estuvo a punto de perder la racha. En octubre llevaba un rendimiento espantoso. Sus clientes estaban furiosos. Los periódicos financieros empezaban a escribir obituarios de su carrera. Algunos inversores retiraron su dinero. El consenso era claro: Miller había perdido el toque.
¿Qué hizo Miller? Compró más de lo mismo. Duplicó sus posiciones en las empresas que todo el mundo estaba vendiendo. Terminó el año batiendo al índice por decimoquinto año consecutivo. Y cuando le preguntaron cómo había sobrevivido a aquellos meses horribles, dijo algo que llevo años sin poder quitarme de la cabeza:
«La mayor ventaja que puede tener un inversor no es la inteligencia, ni la información, ni los contactos. Es el temperamento para sentarse quieto cuando todo el mundo a tu alrededor está perdiendo la cabeza.»
Pienso mucho en esa frase esta semana.
Porque esta semana los mercados han hecho algo que no habíamos visto en más de veinte años. Algo que, en circunstancias normales, significaría que estamos al borde de un desplome brutal. Pero no estamos en circunstancias normales. Estamos en un mercado donde las reglas que funcionaron durante décadas se están reescribiendo en tiempo real, y donde la diferencia entre una oportunidad generacional y una trampa mortal puede ser un solo dato, una sola semana, una sola decisión de un consejero delegado al que nadie prestó atención.
En el episodio de hoy de Actualidad Semanal +D contamos qué es exactamente lo que ha pasado, por qué debería importarte aunque no tengas una sola acción en cartera, y qué empresas concretas están en el centro de una rotación de dinero que ya está cambiando quién gana y quién pierde en esta economía.
No voy a adelantar las conclusiones. Solo diré que hay un paralelismo histórico tan preciso, tan inquietantemente exacto entre lo que ocurrió hace veinte años y lo que está ocurriendo ahora mismo, que cuando lo escuches vas a querer comprobar las fechas dos veces.
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Y si Miller tenía razón, si la mayor ventaja es el temperamento entonces quizá lo más inteligente que puedes hacer hoy no es actuar, sino escuchar primero.

No es por ser tiquismiquis pero si el problema lo tuvo el noveno año aunque terminó batiendo al índice a día 31, ¿Cómo es posible que diga:“Terminó el año batiendo al índice por decimoquinto año consecutivo”?
Supongo que se refiere a qué tras ese bache consiguió seguir batiéndolo seis años consecutivos más para un total de quince.
Voy a ponerme al día con la escucha, como cada semana, auguro que será un excelente resumen.
Gracias.
Muy buena la comparación entre las parejas y las carteras.
Cuiden a sus parejas y a sus carteras.
Las parejas a veces perdonan, las carteras nunca perdonan.
Ejemplo de ironía de la buena.
Me he reido mucho. Adelante con el micrófono Sr. Arturo.
Un saludo para todos Ustedes.
Dejo por aquí lo que me parece una buena perspectiva sobre las megainversiones en IA:
¿Por qué las megainversiones no se miden en Bernabéus? Estábamos bastante acostumbrados ya a que fuese la medida de todas las cosas.