{"id":342,"date":"2026-08-24T16:54:51","date_gmt":"2026-08-24T16:54:51","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.masdividendos.com\/todo-suma\/?p=342"},"modified":"2026-08-24T16:58:52","modified_gmt":"2026-08-24T16:58:52","slug":"solo-un-necio-confunde-valor-y-aprecio","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.masdividendos.com\/todo-suma\/2026\/08\/24\/solo-un-necio-confunde-valor-y-aprecio\/","title":{"rendered":"Solo un necio confunde valor y aprecio"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La madre de Laura del Val no dice te quiero. Y por eso nos hace gracia, aunque no se lo hagamos saber.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Laura del Val es una c\u00f3mica de Burgos que se ha hecho viral retratando a su madre, y con ella a toda una tradici\u00f3n: la de esas familias castellanas donde el cari\u00f1o existe con intensidad pero se comunica mediante un t\u00e1per de lentejas y, en ocasiones muy se\u00f1aladas, un \u00abmajo\u00bb. El p\u00fablico se r\u00ede, bien por extra\u00f1eza, bien por reconocimiento. Yo soy de los segundos. Me reconozco frente a este sistema monetario estepario, a la vez que alabo su funcionamiento impecable.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">M\u00edrelo con frialdad de balance. Emisi\u00f3n de elogios: m\u00ednima. Respaldo de cada unidad emitida: total \u2014 d\u00e9cadas de madrugones, comidas, preocupaci\u00f3n muda \u2014. Resultado: cada palabra vale una fortuna. El hijo que recibe el \u00abmajo\u00bb sabe que ha ocurrido algo extraordinario, igual que los mercados sab\u00edan leer los silencios del Bundesbank. Esa se\u00f1ora no ha tenido que recurrir a un rescate verbal en su vida, no ha inflado jam\u00e1s la masa afectiva para contentar a la parroquia, y por eso su palabra conserva un poder adquisitivo intacto. En la otra punta del sistema est\u00e1 el like: emisi\u00f3n ilimitada, coste de impresi\u00f3n cero, respaldo ninguno. Afecto fiat. Y con la emisi\u00f3n ilimitada llega lo que tenemos, a ratos, desde Weimar: la hiperinflaci\u00f3n. Si el aplauso se fabrica con el pulgar desde cualquier lugar, hacen falta cientos para sentir lo que antes hac\u00eda sentir una palmada en la espalda, y millones para lo que hac\u00eda un \u00abestoy orgulloso de ti\u00bb dicho mirando a los ojos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Esto est\u00e1 medido, que no es poco trat\u00e1ndose de sentimientos. Un equipo de la UCLA hizo resonancias a adolescentes y observ\u00f3 que ver muchos likes bajo una foto activa el n\u00facleo accumbens \u2014 el circuito de la recompensa \u2014 y que los chiguitos valoraban m\u00e1s una imagen cuantos m\u00e1s likes tra\u00eda puestos, fuera cual fuera la imagen (Sherman et al., <em>Psychological Science<\/em>, 2016). La denominaci\u00f3n del billete importaba m\u00e1s que el billete. Como en todo buen sistema monetario.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Otro estudio, de Columbia e Inria, encontr\u00f3 que en torno al 59% de los enlaces compartidos en Twitter nunca fueron abiertos por quien los compart\u00eda (Gabielkov et al., 2016). Seis de cada diez aplausos se emiten sin haber visto la funci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Machado, que es el hombre que mejor ha mirado nunca a Castilla, dej\u00f3 el diagn\u00f3stico escrito hace un siglo: todo necio confunde valor y precio. Nuestro tiempo ha conseguido degradar hasta el aforismo, y la enmienda que nos corresponde es menor y humillante: todo necio confunde valor y aprecio \u2014 un aprecio que se mide en likes y cotiza, precisamente por su abundancia, a cero \u2014. Que la correcci\u00f3n a la era digital estuviera esperando en el poeta de la meseta, la misma que cr\u00eda madres de pasi\u00f3n reclusa, empieza a no parecer casualidad.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Detr\u00e1s de la intuici\u00f3n hay teor\u00eda, y le dieron un Nobel. La teor\u00eda de se\u00f1ales tiene dos versiones fundacionales y las dos cuentan lo mismo. La del bi\u00f3logo es la cola del pavo real: Amotz Zahavi observ\u00f3 que una cola as\u00ed es un estorbo car\u00edsimo \u2014 pesa, brilla, atrae depredadores \u2014 y que precisamente por eso funciona como se\u00f1al (<em>The Handicap Principle<\/em>, 1997; sin traducci\u00f3n al castellano, que ya es decir). Solo un pavo genuinamente sano puede permitirse el despilfarro; el enclenque que intentara fingirla morir\u00eda en el intento. La del economista es de Michael Spence, 1973: el t\u00edtulo universitario informa al empleador no tanto por lo aprendido como por lo que cuesta obtenerlo \u2014 a\u00f1os, esfuerzo, renuncias que el candidato flojo no paga \u2014. Distinta fauna, id\u00e9ntico teorema: la informaci\u00f3n de una se\u00f1al viaja en su coste. El \u00abmajo\u00bb castellano es la cola del pavo real \u2014 a esa mujer, criada en la sobriedad de la meseta, el elogio le cuesta un esfuerzo casi f\u00edsico, y por eso cuando lo emite el mensaje llega con solvencia de lingote suizo \u2014. El like es un t\u00edtulo que regalan en la puerta. No es que la gente de las redes aprecie menos que las madres de Burgos; es que su aprecio no puede demostrar nada, porque no le cuesta nada.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Visto el teorema, la degradaci\u00f3n general se explica sin villanos, y me permito ajustar una cita de la vez anterior. Cuando hablamos de Netflix invocamos la ley de Goodhart; la formulaci\u00f3n can\u00f3nica es de Marilyn Strathern, antrop\u00f3loga de Cambridge, que estudiando las auditor\u00edas universitarias brit\u00e1nicas la dej\u00f3 pulida para la posteridad: cuando una medida se convierte en objetivo, deja de ser buena medida (<em>European Review<\/em>, 1997). El like naci\u00f3 midiendo el aprecio y acab\u00f3 sustituy\u00e9ndolo. Y sobre su ruina opera la m\u00e1s vieja del arsenal, la ley de Gresham: la moneda mala expulsa a la buena. Cuando el aplauso barato circula a espuertas, el elogio caro se retira del mercado \u2014 \u00bfpara qu\u00e9 escribir tres p\u00e1rrafos explic\u00e1ndole a alguien por qu\u00e9 su trabajo importa, si un coraz\u00f3n rojo cumple el tr\u00e1mite? \u2014 y cada vez es m\u00e1s dif\u00edcil saber qui\u00e9n le aprecia a usted de verdad. Aunque la moneda buena, como el oro, no desaparece: se atesora. Preg\u00fantele a cualquier castellano d\u00f3nde guarda los \u00abte quiero\u00bb de su padre. Sabe la cifra exacta, la fecha y el contexto de cada emisi\u00f3n. Eso no es frialdad. Ll\u00e1melo como desee, exponerlo hace gracia porque es tierno.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Los mercados llevan un siglo resolviendo este mismo problema \u2014 separar la se\u00f1al costosa del ruido gratuito \u2014 y sus soluciones le sonar\u00e1n. Las palabras de un consejero delegado en la presentaci\u00f3n de resultados son likes: optimismo de emisi\u00f3n ilimitada. Que ese mismo consejero compre acciones de su empresa con su dinero es un \u00abmajo\u00bb castellano: le cuesta, luego informa. Y la se\u00f1al costosa por excelencia la conoce esta comunidad hasta el punto de llevarla en el nombre: el dividendo. La teor\u00eda de se\u00f1ales entr\u00f3 en las finanzas por esa puerta \u2014 un dividendo creciente sostenido durante d\u00e9cadas no se puede fingir, porque se paga en efectivo, trimestre a trimestre, con caja verdadera \u2014. Una empresa puede prometer, presentar y comunicar sin l\u00edmite; repartir, solo lo que tiene. El dividendo es la tartera de lentejas del capitalismo: ning\u00fan glamur, ninguna palabra bonita, toda la informaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Queda una deuda con el deli. La escena de Sally funcionaba porque en aquella mesa alguien sab\u00eda la verdad: Harry ten\u00eda delante la prueba del fingimiento, y aun as\u00ed la se\u00f1ora de al lado pidi\u00f3 lo que ella estaba teniendo. Llevamos treinta y cinco a\u00f1os ri\u00e9ndonos de esa se\u00f1ora y hemos acabado si\u00e9ndolo \u2014 pidiendo a bot\u00f3n limpio lo que otros fingen tener, en un comedor donde nadie recuerda ya a qu\u00e9 sab\u00eda el plato original \u2014. Pero la escena admite otra pregunta: qu\u00e9 habr\u00eda hecho la madre de Laura del Val en esa mesa. Yo creo que lo s\u00e9. Habr\u00eda mirado el espect\u00e1culo por encima de las gafas, habr\u00eda seguido con su men\u00fa sin pedir nada, y a la salida, ya en la calle, le habr\u00eda dicho a su hija \u2014 en voz baja, sin testigos, con el gesto de quien firma un documento \u2014 que la comida estaba \u00abbien\u00bb. No necesitar\u00eda explicar nada m\u00e1s, y en esa ausencia de explicaci\u00f3n est\u00e1 la prueba que faltaba. <br><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Las hiperinflaciones acaban todas igual: la gente abandona el papel y huye hacia el activo que ninguna imprenta alcanza. En el aprecio, ese activo es el tiempo. Un like cuesta cero segundos; una visita, una carta, una tarde entera cuestan lo \u00fanico que nadie puede emitir. El oro del banco central de esa madre no est\u00e1 en lo que dice \u2014 nunca estuvo ah\u00ed \u2014: son los a\u00f1os pasados al pie de la misma mesa, acumulados en una c\u00e1mara que no visita nadie. Como los bancos centrales de verdad: ninguno ense\u00f1a sus reservas. Basta con que se sepa que est\u00e1n.<br><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La madre de Laura del Val no dice te quiero. Y por eso nos hace gracia, aunque no se lo hagamos saber. 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