{"id":1137,"date":"2026-05-31T09:06:18","date_gmt":"2026-05-31T09:06:18","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.masdividendos.com\/oficial\/2026\/05\/31\/actualidad-semanal-d-semana-22-2026\/"},"modified":"2026-05-31T09:06:18","modified_gmt":"2026-05-31T09:06:18","slug":"actualidad-semanal-d-semana-22-2026","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.masdividendos.com\/oficial\/2026\/05\/31\/actualidad-semanal-d-semana-22-2026\/","title":{"rendered":"Actualidad Semanal +D. Semana 22\/2026"},"content":{"rendered":"<p><!--[if lt IE 9]><script>document.createElement('audio');<\/script><![endif]-->\n<audio class=\"wp-audio-shortcode\" id=\"audio-1137-1\" preload=\"none\" style=\"width: 100%;\" controls=\"controls\"><source type=\"audio\/mpeg\" src=\"https:\/\/www.ivoox.com\/actualidad-semanal-d-semana-22-2026_mf_174659913_feed_1.mp3?_=1\" \/><a href=\"https:\/\/www.ivoox.com\/actualidad-semanal-d-semana-22-2026_mf_174659913_feed_1.mp3\">https:\/\/www.ivoox.com\/actualidad-semanal-d-semana-22-2026_mf_174659913_feed_1.mp3<\/a><\/audio>Hay un se\u00f1or enterrado en Nueva York que en 1907 se peg\u00f3 un tiro con dos millones y medio de d\u00f3lares en el banco, lo cual ya nos dice algo bastante inc\u00f3modo sobre c\u00f3mo funcionan los mercados de verdad.<br \/>\nY lo que de verdad me obsesiona de esta historia no es c\u00f3mo muri\u00f3 \u00e9l, sino lo que les pas\u00f3 despu\u00e9s a los que creyeron haberse salvado.<\/p>\n<p>El hombre se llamaba Charles Barney, presid\u00eda el tercer mayor banco fiduciario de Estados Unidos, cenaba habitualmente con los Rockefeller y ten\u00eda ese tipo de respetabilidad que en aquella \u00e9poca solo se constru\u00eda despu\u00e9s de tres d\u00e9cadas comport\u00e1ndose como si uno fuese a vivir trescientos a\u00f1os. Y aun as\u00ed, un buen d\u00eda empez\u00f3 a circular el rumor, ni siquiera del todo falso pero tampoco del todo cierto, de que el Knickerbocker Trust estaba expuesto a una operaci\u00f3n fallida en el mercado del cobre, y eso, que en cualquier otro mes del a\u00f1o habr\u00eda sido motivo de una conversaci\u00f3n discreta en alg\u00fan club de Manhattan, en aquellas semanas concretas, con la confianza p\u00fablica ya algo erosionada, se convirti\u00f3 en un detonante. Bast\u00f3 con que aparecieran las primeras colas frente a las oficinas para que el rumor dejara de ser rumor y empezara a comportarse como una profec\u00eda cumpli\u00e9ndose en tiempo real, porque, como bien sabe cualquiera que haya pisado un mercado lo suficiente, ning\u00fan banco del mundo, en ninguna \u00e9poca, ha estado nunca dise\u00f1ado para devolverle el dinero a todos sus clientes a la vez, y eso vale tanto para 1907 como para ma\u00f1ana por la ma\u00f1ana.<\/p>\n<p>En tres horas, los depositantes retiraron ocho millones de d\u00f3lares, una cifra que en t\u00e9rminos de la \u00e9poca equivale a abrirle una arteria a una instituci\u00f3n que llevaba d\u00e9cadas pareciendo inmortal, y el Knickerbocker, que era perfectamente solvente y ten\u00eda los activos para demostrarlo, tuvo que suspender pagos al d\u00eda siguiente, no porque le faltase capital, sino porque le falt\u00f3 lo \u00fanico que un banco no puede permitirse perder ni un solo viernes por la tarde, que es el beneficio de la duda. Aquella misma noche, un J.P. Morgan ya mayor, ya bastante cansado y, sospecho, bastante harto de salvar al pa\u00eds de s\u00ed mismo por en\u00e9sima vez, encerr\u00f3 a los banqueros m\u00e1s poderosos de Wall Street en su biblioteca privada y, seg\u00fan cuentan los testigos, guard\u00f3 la llave en el bolsillo para asegurarse de que nadie saliera de all\u00ed hasta haber puesto dinero propio sobre la mesa, lo cual probablemente sea la \u00faltima vez en la historia moderna en que el sistema financiero se salv\u00f3 gracias a la pura testarudez de un solo hombre con suficiente fortuna y suficiente mala leche como para imponer su criterio a todos los dem\u00e1s. Pero a Barney, claro, todo eso ya le daba igual, porque para entonces llevaba demasiadas horas convencido, equivocadamente, de que estaba arruinado, lo cual es probablemente la mejor definici\u00f3n de tragedia financiera que se ha escrito jam\u00e1s: morir crey\u00e9ndose pobre sin haberlo sido.<\/p>\n<p>Y aqu\u00ed viene la parte que casi nadie cuenta, que es la que me lleva a\u00f1os dando vueltas en la cabeza, y la \u00fanica raz\u00f3n por la que vuelvo una y otra vez a esta historia cuando hablo con gente que invierte. Muchos de los depositantes que s\u00ed lograron sacar su dinero a tiempo del Knickerbocker, en su prisa absolutamente comprensible por ponerse a salvo, lo trasladaron en cuesti\u00f3n de d\u00edas a entidades que, en aquellas mismas semanas, eran objetivamente peores que el banco del que estaban huyendo, y terminaron perdi\u00e9ndolo igual, o peor, semanas y meses despu\u00e9s, en quiebras menos c\u00e9lebres, menos novelables y mucho m\u00e1s definitivas. Es decir, huyeron del riesgo imaginario y corrieron, sin saberlo, directamente hacia el riesgo real, que es probablemente el resumen m\u00e1s honesto, m\u00e1s cruel y m\u00e1s exacto que se ha escrito nunca sobre el comportamiento del inversor medio en cualquier momento de tensi\u00f3n, sea 1907, sea 2008, sea esta misma semana.<\/p>\n<p>Y todo esto, que parece una historia vieja, una de esas an\u00e9cdotas victorianas que se cuentan en clase de historia econ\u00f3mica para amenizar la tarde antes del caf\u00e9, es exactamente lo mismo que sigue ocurriendo todas las semanas en los mercados modernos, solo que ahora va vestido con mejor ropa, con mejores presentaciones, con tipograf\u00eda m\u00e1s limpia y con una cantidad ligeramente obscena de gente diciendo en redes sociales que esta vez s\u00ed, que esta vez lo tienen claro, que esta vez la direcci\u00f3n correcta es evidente. Y sigue pasando cuando una empresa se desploma porque alguien interpret\u00f3 mal una gu\u00eda. Y sigue pasando cuando un sector entero se dispara porque media industria descubre, con tres a\u00f1os de retraso, lo que ya era razonablemente obvio. Y sigue pasando, sobre todo, cuando aparece un banco central nuevo decidiendo, con esa naturalidad casi inocente que dan los primeros meses en el cargo, que ciertos datos inc\u00f3modos no merecen tanta atenci\u00f3n como les est\u00e1bamos prestando.<\/p>\n<p>Esta semana ha vuelto a pasar. Y ha pasado, adem\u00e1s, con un estilo francamente notable, en varios frentes a la vez, con personajes muy reconocibles, con cifras lo bastante grandes como para hacer dudar a cualquiera y con un par de movimientos en bolsa que merecen, como m\u00ednimo, un minuto de reflexi\u00f3n a solas antes de tomar cualquier decisi\u00f3n la semana que viene. No voy a adelantar aqu\u00ed ni las empresas ni el desenlace de cada cosa, entre otras razones porque la mitad de la gracia est\u00e1 justamente en escuchar c\u00f3mo encajan unas historias con otras y descubrir, por el camino, cu\u00e1l de los protagonistas de esta semana es, en realidad, el Charles Barney moderno sin saberlo todav\u00eda.<\/p>\n<p>Lo cuento todo, con nombres, apellidos, n\u00fameros y un poco de mala leche bien medida, en el nuevo episodio de Actualidad Semanal +D, que para m\u00ed es la \u00fanica forma honesta que he encontrado de hablar de mercados sin caer ni en el serm\u00f3n ni en el panfleto.<\/p>\n<p>Y dejo una \u00fanica idea, por si sirve de algo cuando llegue la pr\u00f3xima semana y, como siempre, todos empiecen a correr en la misma direcci\u00f3n al mismo tiempo: antes de moverse, acordaos de Barney, y preguntaos, con la mayor sinceridad de la que se\u00e1is capaz, si est\u00e1is huyendo del peligro real o simplemente del peligro que alguien acaba de contaros.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hay un se\u00f1or enterrado en Nueva York que en 1907 se peg\u00f3 un tiro con dos millones y medio de d\u00f3lares en el banco, lo cual ya nos dice algo bastante inc\u00f3modo sobre c\u00f3mo funcionan los mercados de verdad. 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