{"id":119,"date":"2020-12-21T06:24:34","date_gmt":"2020-12-21T06:24:34","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.masdividendos.com\/la-caja-de-searle\/?p=119"},"modified":"2020-12-21T06:24:36","modified_gmt":"2020-12-21T06:24:36","slug":"la-aventura-equinoccial-de-friedrich-hayek","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.masdividendos.com\/la-caja-de-searle\/2020\/12\/21\/la-aventura-equinoccial-de-friedrich-hayek\/","title":{"rendered":"La aventura equinoccial de Friedrich Hayek"},"content":{"rendered":"\n<p><em><em><strong>Beneficio<\/strong><\/em>&nbsp;es la se\u00f1al que nos indica lo que tenemos que hacer para servir a la gente que no conocemos&nbsp;&#8211; Friedrich Hayek<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>El cami\u00f3n rug\u00eda en el fango mientras una docena de j\u00f3venes empapados de sudor tiraban de las cuerdas tratando de sacar al leviat\u00e1n de las profundidades. Las ruedas patinaban en el fondo del hoyo, levantando hacia el cielo columnas de barro.<br>Insensibles al problema, en torno al socav\u00f3n se arremolinaban vendedores ambulantes de comida, agua y repuestos para todo tipo de veh\u00edculos. Incluso alg\u00fan curandero ofrec\u00eda a voz en grito sus remedios imaginarios para males reales.<br>Mientras el cami\u00f3n se debat\u00eda por salir de all\u00ed, cientos de veh\u00edculos se api\u00f1aban tras \u00e9l, detenidos en la angosta carretera a la espera de que los j\u00f3venes consiguieran liberarlo. Al fin, con un gran esfuerzo, entre el tira de unos y el empuja de otros el cami\u00f3n remont\u00f3 la pared del pozo y emergi\u00f3 al otro lado entre palmadas y silbidos de j\u00fabilo de los esforzados j\u00f3venes. El camionero les ofreci\u00f3 en pago un saco de la mercanc\u00eda que transportaba y prosigui\u00f3 su camino al mercado entre bocinazos para conseguir que los vendedores distra\u00eddos se apartaran a la cuneta.<br>Tan pronto como hubo abandonado el lugar, el siguiente cami\u00f3n, a\u00fan m\u00e1s grande que el anterior y atestado de fardos en precario equilibrio, se precipit\u00f3 al hoyo sin dudarlo, como el \u00f1u que se lanza al r\u00edo aunque sepa que puede significar su muerte.<br>Toc\u00f3 fondo pesadamente, chapote\u00f3 unos instantes y qued\u00f3 atrapado en el cenagal. Otra turba de j\u00f3venes y ni\u00f1os salt\u00f3 sobre \u00e9l para descargar los bultos y llevarlos fuera del pozo. Pertrechados con cuerdas y cadenas se empleaban de nuevo en la tarea del rescate mientras alrededor buhoneras, aguadores y chamanes proced\u00edan a ofrecer sus servicios a los primeros veh\u00edculos de la kilom\u00e9trica caravana. Las ruedas del cami\u00f3n giraron sin conseguir tracci\u00f3n consiguiendo \u00fanicamente remover las turbias aguas del fondo y ahondar un poco m\u00e1s su prisi\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Un vecino garabateaba en una tosca tabla de madera la palabra \u201cHotel\u201d y se dispon\u00eda a colgarla en la entrada de su fonda, en previsi\u00f3n de que al anochecer muchos veh\u00edculos todav\u00eda estar\u00edan esperando a que llegara su turno de ca\u00edda y posterior rescate de los lodazales.<\/p>\n\n\n\n<p>En el enorme mercado que hab\u00eda poco m\u00e1s all\u00e1, una paloma picoteaba restos de verdura que comenzaba a descomponerse tras toda la jornada sometida a un sol implacable. Doblando una curva apareci\u00f3 un cami\u00f3n cubierto de barro y resoplando como si de un rinoceronte mec\u00e1nico se tratara. Al ver que iba a ser embestida, el ave emiti\u00f3 una protesta y levant\u00f3 el vuelo. Conforme la corriente de aire la elevaba qued\u00f3 perpleja al ver a la luz del atardecer un extenso gusano met\u00e1lico que parec\u00eda querer hundir su cabeza en la tierra mientras el resto del cuerpo ondulaba hasta perderse de vista en el horizonte. Pero si la paloma hubiera sido una residente habitual de la ciudad no se habr\u00eda sorprendido ya que hubiera sabido que esa estampa era end\u00e9mica, repiti\u00e9ndose d\u00eda tras d\u00eda, estaci\u00f3n tras estaci\u00f3n, formando parte inseparable de aquel paisaje.<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-large\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"900\" height=\"601\" src=\"https:\/\/blogs.masdividendos.com\/la-caja-de-searle\/wp-content\/uploads\/sites\/10\/2020\/12\/onitsha-traffic.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-120\" srcset=\"https:\/\/blogs.masdividendos.com\/la-caja-de-searle\/wp-content\/uploads\/sites\/10\/2020\/12\/onitsha-traffic.jpg 900w, https:\/\/blogs.masdividendos.com\/la-caja-de-searle\/wp-content\/uploads\/sites\/10\/2020\/12\/onitsha-traffic-300x200.jpg 300w, https:\/\/blogs.masdividendos.com\/la-caja-de-searle\/wp-content\/uploads\/sites\/10\/2020\/12\/onitsha-traffic-768x513.jpg 768w, https:\/\/blogs.masdividendos.com\/la-caja-de-searle\/wp-content\/uploads\/sites\/10\/2020\/12\/onitsha-traffic-550x367.jpg 550w, https:\/\/blogs.masdividendos.com\/la-caja-de-searle\/wp-content\/uploads\/sites\/10\/2020\/12\/onitsha-traffic-749x500.jpg 749w\" sizes=\"(max-width: 900px) 100vw, 900px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p>Lo m\u00e1s inveros\u00edmil de esta historia de por s\u00ed inveros\u00edmil es que no es ficticia. Esto fue narrado m\u00e1s extensamente, en primera persona y con mucho mejor estilo, por el periodista polaco Ryszard Kapuscinski en su libro \u00ab\u00c9bano\u00bb. No se trata de un lugar imaginario, sino de Ogata Road, en las proximidades de Onitsha, una importante ciudad del sur de Nigeria que ostenta el dudoso honor de ser una de las m\u00e1s contaminadas del mundo. En ella se celebra el mayor mercado al aire libre de \u00c1frica.<\/p>\n\n\n\n<p>La historia resulta absurda y desoladora a un tiempo. Desoladora porque es la plasmaci\u00f3n de c\u00f3mo una sociedad puede atarse a s\u00ed misma los pies para no avanzar. Se permite la aparici\u00f3n de un problema grave en una infraestructura clave sin que ninguna comunidad o gobierno local haga nada mientras un grupo de individuos necesitado saca r\u00e9dito de forma oportunista. Es algo que solo nos resulta concebible en un pa\u00eds en v\u00edas de desarrollo, pero cabe preguntarse si en los pa\u00edses desarrollados no ocurren fen\u00f3menos similares camuflados bajo mayor complejidad. No es mi intenci\u00f3n buscar paralelismos particulares con diferentes problemas que padecemos. Eso lo dejo a su juicio. Me gustar\u00eda simplemente hacer unas valoraciones de car\u00e1cter general.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;La mano invisible de Adam Smith es capaz de obrar maravillas, como todos sabemos, pero tambi\u00e9n constatamos que es capaz de excavar pozos en mitad de las carreteras. Cada individuo pensando en su propio inter\u00e9s por acci\u00f3n o inacci\u00f3n acaba por crear una situaci\u00f3n que es cada vez m\u00e1s perjudicial para el conjunto. Si al empezar a formarse el hoyo, un peque\u00f1o grupo de vecinos hubiera echado unos capazos de tierra se habr\u00eda solucionado el problema, pero la propiedad com\u00fan no origina en el ciudadano el sentimiento de propiedad, aunque sea de una fracci\u00f3n infinitesimal, y por tanto ninguna responsabilidad moral de su cuidado. Movidos por las necesidades m\u00e1s b\u00e1sicas ingenian cualquier forma de ganarse su sustento aunque suponga agravar una situaci\u00f3n disfuncional.<\/p>\n\n\n\n<p>Reparar la carretera hubiera dejado sin negocio a los que viv\u00edan en torno al hoyo, pero un tr\u00e1nsito m\u00e1s fluido de mercanc\u00edas posiblemente hubiera creado m\u00e1s puestos de trabajo y oportunidades de prosperar en el mercado que estaba poco m\u00e1s all\u00e1. En cambio, se hab\u00eda llegado a una situaci\u00f3n de resignaci\u00f3n t\u00e1cita por parte de transportistas y comerciantes. La situaci\u00f3n, nos asegura Kapuscinski, no era circunstancial sino que ya se prolongaba durante a\u00f1os.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;En este caso el <em>orden espont\u00e1neo<\/em> del que hablaba Hayek se asemeja m\u00e1s al caos que a algo parecido al orden. Es cierto que la b\u00fasqueda del beneficio ha llevado a un grupo de individuos a dar un servicio a gente desconocida; pero se\u00f1or Hayek, l\u00edbrenos de su servicio. Podemos ver como &nbsp;hay situaciones en las que el equilibrio al que se llega de forma espont\u00e1nea se encuentra muy lejos de ser el \u00f3ptimo.<\/p>\n\n\n\n<p>Ante situaciones de crisis como la vivida este a\u00f1o o ante problemas menos agudos pero persistentes en el tiempo, antes de pensar en si se puede sacar provecho particular de la situaci\u00f3n deber\u00edamos pensar en si se puede mejorar con algo de colaboraci\u00f3n y responsabilidad. Para el conjunto de la sociedad, reconocer y atajar los problemas cuanto antes es preferible a esperar a que se resuelvan por s\u00ed solos o vengan otros ciudadanos a solucionarlos. Las comunidades pueden prosperar a pesar de estas actitudes, pero dif\u00edcilmente gracias a ellas.<\/p>\n\n\n\n<p>Dicho esto, seguimos viviendo en sociedades imperfectas y hasta que llegue esa utop\u00eda de ciudadanos perfectos hay que disponer de otro tipo de soluciones a los problemas reales, y si es errado pensar que el Estado es quien est\u00e1 en mejor disposici\u00f3n de proveer al ciudadano de todos los bienes y servicios que necesite, igualmente errado es pensar que los fallos de mercado no existen y todo se solucionar\u00e1 a base de <em>laissez faire<\/em> sin ninguna intervenci\u00f3n estatal. Hayek era plenamente consciente de ello, pero parece que muchos de sus actuales seguidores no lo son.<\/p>\n\n\n\n<p>Una dejaci\u00f3n de funciones tan flagrante como la de Onitsha no tiene cabida en Estados relativamente fuertes como los occidentales. Otro debate es cu\u00e1n grande deber\u00eda ser el Estado ideal pero cuando es demasiado d\u00e9bil o, peor a\u00fan, inexistente, se producen situaciones dram\u00e1ticas a muchos niveles. Por mucho que a veces nos moleste pagar tributos para mantenerlo, el Estado es necesario. Remedando el t\u00edtulo de un cuento de Ted Chiang, se podr\u00eda decir que <em>el infierno es la ausencia de Estado<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Si me lo permiten concluir\u00e9 con una sugerencia ajena al \u00e1mbito de la filosof\u00eda econ\u00f3mica. Ahora que se aproxima el fin de a\u00f1o damos mil vueltas a c\u00f3mo reducir la factura fiscal, maldecimos cuestionables reformas de planes de pensiones, subidas de IRPF y diversos impuestos. Tambi\u00e9n revisar\u00e1n la cartera y muchos lamentar\u00e1n no haber tenido m\u00e1s FANGMAN o cualquier otro acr\u00f3nimo de moda en cartera o no haber entrado en las \u00faltimas OPV tecnol\u00f3gicas. Otros se lamentar\u00e1n de haberse asustado en marzo y no haber invertido la liquidez. Hay infinitos motivos para atormentarse, pero al subir a su coche recuerden que probablemente el mayor obst\u00e1culo que se encuentren sea una de esas odiadas bandas reductoras de velocidad, no un socav\u00f3n del que tengan que sacarle con cuerdas y cadenas pago mediante. Y que si enferman en mitad de un trayecto probablemente no ser\u00e1 un cham\u00e1n el primero en llegar en su ayuda. Recuerden que, pandemias aparte, gran parte de nuestros problemas son problemas del primer mundo y, aunque raras veces lo apreciemos, seguimos siendo afortunados. &nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Que pasen unas felices y responsables fiestas.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Beneficio&nbsp;es la se\u00f1al que nos indica lo que tenemos que hacer para servir a la gente que no conocemos&nbsp;&#8211; Friedrich Hayek El cami\u00f3n rug\u00eda en el fango mientras una docena de j\u00f3venes empapados de sudor tiraban de las cuerdas tratando de sacar al leviat\u00e1n de las profundidades. 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